Eres curioso, inteligente y estás aburrido, y la única decisión que puedes ver es elegir entre trabajar duro o perder el tiempo. Hay tantas aventuras ahí afuera que te pierdes porque estás esperando a pensar en un plan.
Choices: Part 4 - XKCD
2009-04-12
2009-03-28
Mentiras piadosas.
"Murió como vivió --escribe el prologuista de El Conde de Montecristo acerca de Alejandro Dumas--: sin darse cuenta".
Yo no compro esa patraña. No creo en las muertes indoloras o descuidadas. Estoy convencido de que, si la forma de morir no involucra una destrucción repentina y total del cerebro, dicha muerte estará llena de sufrimiento y dolor.
El dolor, como muchos sabemos, es la interpretación que el cerebro le da a las señales enviadas por las fibras nerviosas. Cuando estas se mueren o se dañan, mandan señales. Por ejemplo, si se rebana uno un dedo, se rebana también unas cuantas de esas fibras. Al quedar estas expuestas al aire libre, mandan una señal del tipo: "Hey, estamos al aire libre. Creo que algo anda mal. Sería buena idea que te revisaras ese dedo".
Ahora bien, dichas fibras también "duelen" cuando mueren. Cuando una zona tiene poca irrigación sanguínea, por ejemplo, las células mueren por falta de oxigenación (hipoxia, me dicen que se llama). Entonces las señales de las fibras nerviosas de esa zona también se traducen en nuestros cerebros como dolor.
Extrapolemos la situación para tratar de describir lo que pasa en el lecho de muerte de una persona que fallece por un infarto, por ejemplo. Su corazón sufre necrosis y deja de mandar sangre a los órganos, estos comienzan a morir... pero el cerebro no muere sino hasta dentro de unos minutos. En esos minutos, por tanto, las fibras nerviosas tienen toda la libertad de mandar sus dolorosas señales, y supongo yo que lo harán con mucho entusiasmo. Le gritarán al cerebro: "Hey, jefe. ¡Haga algo! Se muere el hígado", o "Emergencia, perdimos el pulmón derecho", o "los dedos del pie derecho han sufrido muerte por hipoxia; espero instrucciones". Pero claro, las fibras nerviosas no saben nada de diplomacia corporativa.
Cuando el momento de la muerte llegue, sólo sabrán aullar de dolor.

Yo no compro esa patraña. No creo en las muertes indoloras o descuidadas. Estoy convencido de que, si la forma de morir no involucra una destrucción repentina y total del cerebro, dicha muerte estará llena de sufrimiento y dolor.
El dolor, como muchos sabemos, es la interpretación que el cerebro le da a las señales enviadas por las fibras nerviosas. Cuando estas se mueren o se dañan, mandan señales. Por ejemplo, si se rebana uno un dedo, se rebana también unas cuantas de esas fibras. Al quedar estas expuestas al aire libre, mandan una señal del tipo: "Hey, estamos al aire libre. Creo que algo anda mal. Sería buena idea que te revisaras ese dedo".
Ahora bien, dichas fibras también "duelen" cuando mueren. Cuando una zona tiene poca irrigación sanguínea, por ejemplo, las células mueren por falta de oxigenación (hipoxia, me dicen que se llama). Entonces las señales de las fibras nerviosas de esa zona también se traducen en nuestros cerebros como dolor.
Extrapolemos la situación para tratar de describir lo que pasa en el lecho de muerte de una persona que fallece por un infarto, por ejemplo. Su corazón sufre necrosis y deja de mandar sangre a los órganos, estos comienzan a morir... pero el cerebro no muere sino hasta dentro de unos minutos. En esos minutos, por tanto, las fibras nerviosas tienen toda la libertad de mandar sus dolorosas señales, y supongo yo que lo harán con mucho entusiasmo. Le gritarán al cerebro: "Hey, jefe. ¡Haga algo! Se muere el hígado", o "Emergencia, perdimos el pulmón derecho", o "los dedos del pie derecho han sufrido muerte por hipoxia; espero instrucciones". Pero claro, las fibras nerviosas no saben nada de diplomacia corporativa.
Cuando el momento de la muerte llegue, sólo sabrán aullar de dolor.

¿Y el "cambio"?
Lo más radical que ha hech Obama desde que ocupó la presidencia es no dejar de ser negro.


2009-03-27
2009-03-26
Aquellos viejos tiempos.
Hace más de un año escribí algunas cosas en Metatextos. Hoy por la mañana, sin ninguna razón en especial, decidí ver si seguían ahí. Grata impresión me llevé al ver que no sólo seguían, sino que tenían bastantes comentarios, en su gran mayoría favorables.
Eso me levantó el ánimo y decidí revisar la fecha límite para el próximo ejercicio, para ver si me animaba a participar. Dicha fecha límite resultó ser hoy mismo. ¡Albricias!
Desafortunadamente, tengo mucho tiempo sin escribir en serio. Quiroga diría que ando con la pluma fría. Aún así, decidí entibiarla un poco y participar. Mandé mi escrito hace un par de minutos.
Para los que quieran ver cómo escribía cuando sí escribía, aquí está el link: Escritos de Jack en Metatextos. Si al darle click ya es viernes también podrán ver el último.

Eso me levantó el ánimo y decidí revisar la fecha límite para el próximo ejercicio, para ver si me animaba a participar. Dicha fecha límite resultó ser hoy mismo. ¡Albricias!
Desafortunadamente, tengo mucho tiempo sin escribir en serio. Quiroga diría que ando con la pluma fría. Aún así, decidí entibiarla un poco y participar. Mandé mi escrito hace un par de minutos.
Para los que quieran ver cómo escribía cuando sí escribía, aquí está el link: Escritos de Jack en Metatextos. Si al darle click ya es viernes también podrán ver el último.

No fue culpa de Magneto.
Él no nació diciendo "Son ustedes o nosotros". No. Fueron ellos los que le dijeron a él "Son ustedes o nosotros".
El sólo respondió: "nosotros".

El sólo respondió: "nosotros".

2009-03-18
El Maestro "Lolo".
Yo estudié la prepa en dos COBAY (COlegio de BAchilleres de Yucatán). Son unas prepas públicas bien jodidas. Tan jodidas, que estudié en dos prepas distintas porque en la primera sólo daban Ciencias Sociales en el último año y me tuve que cambiar para estudiar Ciencias Físico-matemáticas. No estuvo tan mal, ya que como la segunda COBAY quedaba muy lejos de la casa en la que vivía con mis padres, logré convencerlos de rentarme una pequéña casa cerca de la escuela y conseguí aprender a vivir un poco, que buena falta me hacía en ese momento, pero de eso ya hablaré en otra ocasión.
En esa COBAY (la segunda), conocí al mejor profesor de Cálculo que hasta ahora he conocido. De hecho, de todos los profesores que me habían dado clases de matemáticas hasta entonces, era el primero que no apestaba. Y no sólo lo digo yo: el hombre ha escrito libros para la Universidad de Autónoma de Yucatán, tiene un par de maestrías de la Universidad de Cuba y es bastante reconocido en el medio, al menos en el sureste. Su nombre es Lorenzo Escalante, pero es mejor conocido como "El Maestro Lolo", o Lolo, a secas.
El hombre es todo un personaje. No sólo es un chingón, sino que también es superbuenísima onda. Se explicaba de forma muy clara y hasta divertida. Aun recuerdo frases como "La integral de este cabezón". Cuando hablaba con alguna chica casi siempre se refería a ella como "Bistec". Fumaba un chingo y era a toda madre con los alumnos. Cuando le pregunté qué hacía un maestro tan capacitado como él en una escuela como la nuestra me contestó: "Ustedes también merecen una educación de calidad". Creo que ese hombre fue mi primer héroe. En ese entonces, yo llevaba ya varios años sin aprender una puta madre de matemáticas en la escuela. Todo lo que sabía (y no era poco) lo había aprendido por mi cuenta o por mis "entrenadores", de los cuales también ya hablaré. Pues bien, el maestro Lolo me enseñó un par de cosas.
¿Han visto una película que se llama "Will Hunting" ( en español la tradujeron como Mente Indomable)? Si la han visto, ¿recuerdan la escena en la que salían los dos tipos simplificando una fraccionsota en un pizarrón mientras reían y se daban la mano? Bueno, varias de mis tardes fueron así. Recuerdo que el maestro Lolo fue el primer profesor que me hizo sentir como un igual, que se bajó de su pedestal de profesor y se hizo mi amigo.
Casi nunca trataba de "enseñarme". Cuando platicábamos de matemáticas (el 88% del tiempo) siempre decía cosas como "Como ya sabrás", "¿Te acuerdas del teorema de...?" y demás frases así. Recuerdo que me hacía sentir como si yo también fuera profesor veterano de matemáticas. Evidentemente, había muchas de esas cosas que yo no sabía, entonces el me las "recordaba" sin hacerme sentir tonto ni nada, simplemente mencionaba cosas básicas y luego deducíamos el resto.
Recuerdo una vez que me volví loco y me encerré en mi cuarto a escribir teoremas. Cuando se los mostré, lo tomó como si fuera la cosa más natural del mundo que yo, a mis 16 años, anduviera por ahí escribiendo teoremas de matemáticas, sin tratarme como a un bicho raro. Recuerdo que dijo "¿Qué me trajiste hoy, canijo?". Luego observó detenidamente las hojas y me fue diciendo los nombres de los teoremas, que evidentemente ya habían sido "descubiertos" por otros matemáticos en el pasado. El único que se podía decir que era "nuevo", era tan impráctico y poco elegante (es decir, largo, difícil y feo) que ya ni siquiera lo recuerdo. Tenía algo que ver con rotación de vectores generadores de espacios n-dimensionales. Curiosamente, no me sentí mal al enterarme de que mis "descubrimientos" no eran tales, sino que me sentí satisfecho de que mis ideas fueran buenas y útiles. Fue como si esos matemáticos me hubieran dado su aprobación. Ah, por cierto, tampoco me regañó por faltar a clases ni me bajó puntos.
En fin... lo recordé por una serie de ideas azarosamente enlazadas. Me pregunto qué será de él ahora. Espero que esté bien, y que considere la propuesta que casi todos los alumnos que lo conocían le hacían y decida un día de estos clonarse por montones. Estoy seguro de que si hubiera más maestros como él, México sería un mejor país.
O al menos no le tendría tanto miedo a las matemáticas.

En esa COBAY (la segunda), conocí al mejor profesor de Cálculo que hasta ahora he conocido. De hecho, de todos los profesores que me habían dado clases de matemáticas hasta entonces, era el primero que no apestaba. Y no sólo lo digo yo: el hombre ha escrito libros para la Universidad de Autónoma de Yucatán, tiene un par de maestrías de la Universidad de Cuba y es bastante reconocido en el medio, al menos en el sureste. Su nombre es Lorenzo Escalante, pero es mejor conocido como "El Maestro Lolo", o Lolo, a secas.
El hombre es todo un personaje. No sólo es un chingón, sino que también es superbuenísima onda. Se explicaba de forma muy clara y hasta divertida. Aun recuerdo frases como "La integral de este cabezón". Cuando hablaba con alguna chica casi siempre se refería a ella como "Bistec". Fumaba un chingo y era a toda madre con los alumnos. Cuando le pregunté qué hacía un maestro tan capacitado como él en una escuela como la nuestra me contestó: "Ustedes también merecen una educación de calidad". Creo que ese hombre fue mi primer héroe. En ese entonces, yo llevaba ya varios años sin aprender una puta madre de matemáticas en la escuela. Todo lo que sabía (y no era poco) lo había aprendido por mi cuenta o por mis "entrenadores", de los cuales también ya hablaré. Pues bien, el maestro Lolo me enseñó un par de cosas.
¿Han visto una película que se llama "Will Hunting" ( en español la tradujeron como Mente Indomable)? Si la han visto, ¿recuerdan la escena en la que salían los dos tipos simplificando una fraccionsota en un pizarrón mientras reían y se daban la mano? Bueno, varias de mis tardes fueron así. Recuerdo que el maestro Lolo fue el primer profesor que me hizo sentir como un igual, que se bajó de su pedestal de profesor y se hizo mi amigo.
Casi nunca trataba de "enseñarme". Cuando platicábamos de matemáticas (el 88% del tiempo) siempre decía cosas como "Como ya sabrás", "¿Te acuerdas del teorema de...?" y demás frases así. Recuerdo que me hacía sentir como si yo también fuera profesor veterano de matemáticas. Evidentemente, había muchas de esas cosas que yo no sabía, entonces el me las "recordaba" sin hacerme sentir tonto ni nada, simplemente mencionaba cosas básicas y luego deducíamos el resto.
Recuerdo una vez que me volví loco y me encerré en mi cuarto a escribir teoremas. Cuando se los mostré, lo tomó como si fuera la cosa más natural del mundo que yo, a mis 16 años, anduviera por ahí escribiendo teoremas de matemáticas, sin tratarme como a un bicho raro. Recuerdo que dijo "¿Qué me trajiste hoy, canijo?". Luego observó detenidamente las hojas y me fue diciendo los nombres de los teoremas, que evidentemente ya habían sido "descubiertos" por otros matemáticos en el pasado. El único que se podía decir que era "nuevo", era tan impráctico y poco elegante (es decir, largo, difícil y feo) que ya ni siquiera lo recuerdo. Tenía algo que ver con rotación de vectores generadores de espacios n-dimensionales. Curiosamente, no me sentí mal al enterarme de que mis "descubrimientos" no eran tales, sino que me sentí satisfecho de que mis ideas fueran buenas y útiles. Fue como si esos matemáticos me hubieran dado su aprobación. Ah, por cierto, tampoco me regañó por faltar a clases ni me bajó puntos.
En fin... lo recordé por una serie de ideas azarosamente enlazadas. Me pregunto qué será de él ahora. Espero que esté bien, y que considere la propuesta que casi todos los alumnos que lo conocían le hacían y decida un día de estos clonarse por montones. Estoy seguro de que si hubiera más maestros como él, México sería un mejor país.
O al menos no le tendría tanto miedo a las matemáticas.

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